¿Qué plantas se pueden utilizar para quemaduras solares?

Se acerca la época estival, durante la cual muchas personas se desplazan hacia la playa y la piscina para refrescarse del calor y, a la vez, tomar el sol. Adoptar medidas de protección contra los efectos adversos de sus rayos es importante para evitar quemaduras. Aún así, si eso ocurre, la fitoterapia cuenta con distintos recursos para aliviarlas y ayudar a cicatrizar.

Unos apuntes sobre la luz solar

La luz solar está constituida por un espectro de rayos con una longitud de onda variable. Aquellos que afectan a la piel, son la luz ultravioleta (UV), con una largura de 280 a 400 nm, y la luz visible, de 400 a 700 nm. La luz ultravioleta representa el 10% de la energía del espectro solar, mientras que la luz visible un 50%, aunque ambos porcentajes pueden variar según distintos factores, como la latitud, la posición del sol, la hora del día o la cantidad de nubes.

La luz ultravioleta, a su vez, se divide en tres bandas distintas, A, B y C. La última (UVC) no llega a la superficie de la tierra porque la atmósfera la absorbe, aunque se puede reproducir mediante lámparas para la esterilización bacteriana. Su longitud de onda es de 200-280 nm y, sobre humanos, irrita la conjuntiva y la córnea. 

La UVB si que alcanza el suelo de nuestro planeta, además de que también somos capaces de reproducirla mediante lámparas. Su longitud de onda es de 280-320 nm. Como la UVC, también irrita la córnea y la conjuntiva, aunque no tanto. El cristal de las ventanas filtra la mayor parte de este tipo de luz, no siendo así bajo el agua. Esto significa que nadar bajo el agua en la playa o la piscina a pleno sol no exime de sufrir eritemas y/o daño crónico de la piel. Exponerse a la UVC sin control puede producir cambios en el DNA, RNA, proteínas y membranas celulares.

La radiación UVA tiene un espectro de onda todavía más largo, de 320 hasta los 400 nm. Sus radiaciones traspasan el cristal de las ventanas y provocan en la piel un bronceado inmediato y persistente y/o eritema en dosis altas. A diferencia de las dos anteriores, no irrita la conjuntiva, siempre y cuando la piel no esté impregnada de sustancias fotosensibilizantes.

Qué es una quemadura solar

La quemadura solar es la reacción aguda de la piel con el contacto de la luz solar. En concreto, la lesión se sitúa  sobre los queratinocitos, células predominantes de la epidermis y las productoras de queratina y citocinas. Se inicia tras 4-6 horas tras la exposición, alcanza un máximo después de las 12-24 horas y declina a partir de las 72.

Cursa con enrojecimiento, inflamación e incluso dolor o picazón sobre la parte afectada. La persona incluso puede sentir caliente al tacto esa parte de la piel. En algunos casos. pueden aparecer ampollas pequeñas llenas de líquido que pueden romperse. Si la lesión es más grave, se añadirían a los síntomas dolor de cabeza, fiebre, náuseas y fatiga.

Factores de riesgo

La gravedad de la quemadura dependerá del lugar en el que la persona se exponga, ya que cerca del mar y a mayores altitudes la radiación es más fuerte; también si hay cerca elementos reflectantes de la luz, como agua, nieve o arena; edad, ya que los menores de seis años y los mayores de sesenta son más sensibles a la luz del sol, o el fototipo: cuanto más clara es la piel, más riesgo tiene de quemarse.

Tampoco hay que olvidar los antecedentes de la persona. Haber padecido quemaduras solares en el pasado la predispone a quemarse con facilidad si se vuelve a tomar el sol sin protección.

Algunos medicamentos pueden producir fotosensibilidad, como sería el ejemplo de algunos antimicrobianos, como las fluoroquinolonas, tetraciclinas, fármacos cardiovasculares como las tiazidas o la furosemida, algunos hipoglucemiantes, como Sulfonilureas, AINES como el naproxeno y el piroxicam, retinoides, psicofármacos, quimioterápicos, entre otros.

Tipos de lesiones comunes tras la exposición solar

Además de las quemaduras, la toma excesiva de sol puede derivar en otros problemas o afecciones con más o menos gravedad, dependiendo de la cantidad de daño que se haya acumulado a lo largo de la vida.

Fotoenvejecimiento

Envejecer es un proceso natural que pasamos todos los seres vivos. Transitarlo implica una acumulación de daños, a la vez que las funciones bioquímicas y morfológicas se van deteriorando con el paso del tiempo. La piel no es una excepción.

El fotoenvejecimiento se traduce a nivel físico como una piel apergaminada, áspera, seca, falta de elasticidad, presentando arrugas gruesas y profundas. También puede tener léntigos, teleangiectasias o alteraciones de la pigmentación. Este tipo de daño solar se superpone a la evolución natural de la persona hacia la vejez provocando un envejecimiento prematuro que puede llegar a representar hasta el 90% del envejecimiento cutáneo visible.

Para evitar este tipo de daños en la piel, es imprescindible protegerse de la acción de los rayos ultravioleta. La toma de antioxidantes también puede ser muy útil para captar los radicales libres y evitar el envejecimiento exógeno y endógeno.

Daño ocular

La exposición continuada de los ojos a la luz ultravioleta hace daño a la córnea, además de considerarse un factor de riesgo importante de enfermedades oculares como fotoqueratitis, cataratas, la degeneración macular que se asocia a la edad o el pterigion.

Un ojo que ha sufrido una quemadura de carácter agudo a causa de la radiación tiene síntomas como estar rojo, lagrimeo, fotofobia o, en algunos casos incluso pérdida de la visión o visión borrosa.

Cáncer de piel

El cáncer de piel constituye una de las formaciones de tejido nuevo maligno más comunes en algunos países. Algunos de los factores de riesgo para padecerlo serían la historia familiar, tener la piel y el cabello claros o pelirrojos, nevus melanocíticos, sensibilidad a la exposición solar, entre otros.

Entre los tipos de cáncer de piel se distinguen:

  • Carciroma basocelular: este tipo es el que se manifiesta más veces. Crece poco a poco, es invasivo, destructivo y su potencial metastásico es bajo. Muchos de sus factores de riesgo están relacionados directamente con la exposición al sol.
  •  Carciroma epidermoide: se caracteriza por la transformación maligna de los queratinocitos. Es más frecuente en hombres y suele manifestarse en personas mayores de 50 años. Aunque también está muy relacionada con la exposición crónica a la radiación ultravioleta, la inflamación y las infecciones crónicas también pueden provocarlo, en especial sobre queratosis actínicas. A diferencia del carciroma basocelular, crece con rapidez y puede originar metástasis. Por eso, se debe detectar y tratar cuanto antes.
  • Melanoma: la forma más agresiva de cáncer de piel. Se origina en los melanocitos, y de forma se parecen a los lunares, incluso pueden desarrollarse dentro de ellos. Algunos de los factores de riesgo para sufrir este tipo de cáncer es tener la piel blanca, haber pasado por más de una quemadura solar intensa, tener muchos nevus, tener un historial familiar de cáncer de piel, entre otros. 

Alergia solar

Esta patología es poco frecuente, y se caracteriza por la activación del sistema inmune frente a la radiación solar. El resultado de esta reacción de hipersensibilidad es el enrojecimiento de la piel, prurito, pápulas y/o habones evanescentes, los cuales desaparecen sin dejar cicatrices. Suele comenzar en la edad adulta joven, es decir a partir de los 30 años y es predominante en mujeres. 

Tratamiento farmacológico para las quemaduras solares

Se podrá recomendar un tratamiento fitoterápico a las personas que presenten una quemadura de 1r grado o una de 2do grado que sea superficial. Por el contrario, es imprescindible derivar al médico a todos aquellos pacientes que padezcan una quemadura de 2do grado profunda o síntomas de insolación, entre los cuales se incluye fiebre, escalofríos, sensación de desmayo, náuseas y vómitos.

Antes que cualquier cosa, es recomendable incidir en la prevención de este tipo de lesiones promoviendo el uso del fotoprotector, gafas de sol y/o sombreros y ropa adecuada para protegerse de la radiación. 

El tratamiento más adecuado que se puede seguir para tratar una quemadura puede incluir:

  • Antisépticos o antibióticos tópicos, como la povidona yodada 10%, clorhexidina 0,05-0,5%, nitrato de plata 0,5% entre otros
  • Analgésicos orales: como el ácido acetilsalicílico, ibuprofeno o el paracetamol,
  • Antihistamínicos: alivian el prurito.
  • Corticoides vía oral y/o tópica para disminuir la reacción inflamatoria.

Fitoterapia para tratar quemaduras superficiales

La fitoterapia se empleará sobre las quemaduras solares que sean de primer o segundo grado menor, igual que los tratamientos farmacéuticos sin prescripción ni visita médica ya descritos. Su objetivo principal será el de reducir la hinchazón, aliviar el dolor, evitar que la herida se infecte y ayudar a la piel a restaurarse.

Algunas de las plantas más utilizadas para este menester son:

Aloe vera (aloe) 

El aloe vera es originario de África, pero se cultiva desde hace centenares de años. Sus hojas son muy grandes, carnosas, con púas en sus bordes que se distribuyen en una gran roseta. Las flores son tubulares de colores que van desde el rojo al naranja o el amarillo, y salen entre la primavera y el verano.

Las partes de la planta que se utilizan con fines terapéuticos son el acíbar, formado por el zumo concentrado o desecado de la zona pericíclica de la hoja y el gel del aloe vera, que proviene de la pulpa de las hojas frescas. Este último se utilizará para tratar las lesiones producidas por una excesiva exposición solar.

El gel de aloe vera está compuesto por agua y multitud de polisacáridos como glucomananos, glucogalactomananos, galactoglucoarabinomananos y mananos acetilados. Todos estos ingredientes le otorgan propiedades cicatrizantes debido a la estimulación de la actividad de fibroblastos y macrófagos. Los primeros estimulan la síntesis de colágeno y proteoglicanos, cosa que potencia la reparación cutánea.

El acemanano y el aloérido se han descrito en los estudios como los principales responsables de propiedades inmunomoduladoras. Por otro lado, los mucílagos otorgan a la planta un gran poder hidratante y emoliente

En Fitoterapia.net, señalan que el gel de aloe vera ha demostrado una eficacia superior a otros tratamientos convencionales como la sulfadiazina y la vaselina en quemaduras térmicas de primer y segundo grado.

Además, también es antiinflamatorio, antiviral e inmunomodulador

  • Posología: Utilizar preparados con un 10%-70% de gel fresco de dos a tres veces al día.

Almendro (Prunus dulcis)

El almendro es un árbol que se encuentra en Oriente y África del norte en estado silvestre, aunque también se cultiva en los países mediterráneos desde hace más de un centenar de años. No suele crecer más de los cuatro o cinco metros, aunque en tierras ricas puede alcanzar hasta los diez. Su floración es temprana, las flores toman colores que van del blanco al rosado y las hojas, que salen después, toman forma entre elíptica y lanceolada.

En fitoterapia se utiliza la semilla, en concreto, su aceite, ya que contiene alrededor del 60%, aunque este número puede cambiar dependiendo de la variedad. La prunus dulcis variedad dulcis es rica en glúcidos, mucílagos, prótidos, lípidos, complejo enzimático de emulsina, vitaminas, sales minerales y fitosteroles. 

Es muy popular en cosmetología, pueden utilizarla las pieles secas y/o con dermatitis, psoriasis, ictiosis y sobre quemaduras superficiales.

Espino amarillo (Elaeagnus rhamnoides)

Espino amarillo

Este arbusto nace de zonas áridas y frías de Europa y Asia. Sus raíces son gruesas y fuertes, pudiendo extenderse hasta los doce metros de largura. Cuenta con hojas largas y puntiagudas y bayas doradas. Aunque necesita poco alimento para desarrollarse, es imprescindible que cuente con luz solar para desarrollar todos sus nutrientes.

El fruto es la parte de la planta que se aprovecha para mejorar la salud. Su pulpa contiene vitamina C, ácidos málico, quínico, azúcares, ciclitoles, ácidos palmitoléico y vaccénico, heterósidos de flavonoides y procianidoles. La semilla cuenta con una fracción oleosa compuesta por un 70% de ácidos linoleico y alfa-linoleico.

Este aceite que se obtiene a partir de la semilla favorece la cicatrización de quemaduras y heridas. La industria de la cosmética es conocedora de las bondades de este aceite, por eso lo ha incorporado en diversos productos. Ingerido, también es muy útil contra el ojo seco.

Centella asiática (​​Centella asiatica)

La centella asiática es una planta originaria de la zona pantropical del Océano Índico, es decir India, China, Indonesia, Australia, Sri Lanka, Madagascar y África del Sur. Le gustan los lugares húmedos y con sombra. Mide 20 cm de alto y pertenece a la familia de las Apiaceae. La parte que se utiliza con fines medicinales es la aérea.

Sus activos principales son las saponinas triterpénicas pentacíclicas, de las cuáles las más importantes son el asiaticósido y madecasósido. También cuenta con centellósido, brahmósido, brahminosido y centellosaponinas. Otros activos con los que cuenta con taninos (20-25%), aceite esencial, fitosteroles, mucílagos, resina, aminoácidos libres, flavonoides, alcaloide, entre otros.

Dichos ingredientes ejercen una acción cicatrizante y venotónica. El asiaticósido potencia la activación de los fibroblastos, y estimula la producción de colágeno. De esta forma, se ve cómo poseé un efecto reepitelizante.

Estudios clínicos incluso han demostrado su efectividad sobre quemaduras, incluso de segundo y tercer grado.

Hierba de san Juan (Hypericum perforatum)

La hierba de San Juan o Hipérico es una planta perenne que tiene su origen en Europa y pertenece a la familia Hypericaceae. Llega hasta unos 50 cm de altura y sus flores, agrupadas en ramilletes son de un vivo y alegre amarillo.

La sumidad florida es aquella parte de la planta que se utiliza con fines medicinales.

 Sus elementos principales son las naftodiantronas, derivados prenilados del floroglucinol, flavonoides, bisflavonas, xantonas, proantocianidinas, aceite esencial, taninos, cumarinas y fitosteroles.

Tradicionalmente el hipérico se utilizaba como cicatrizante y antibacteriano, aunque hoy en día se conoce su potencial para tratar la depresión de leve a moderada. También se han visto sus capacidades antifúngicas, antiinflamatorias y antivirales.

Tanto la EMA como la ESCOP aprueban su uso para aliviar las inflamaciones cutáneas fruto de una quemadura solar.

  • Posología: 2 g de droga triturada en 150 ml de agua varias veces al día.

Bibliografía

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