Plantas para la anemia que se deben tener en cuenta

La anemia es una causa muy común de fatiga y cansancio. Cuando es leve puede solucionarse a base de suplementación fitoterapéutica. Antes de descubrir qué plantas son buenas para la anemia, es imprescindible conocer esta afección tan extendida en todo el mundo.

¿Qué es la anemia?

La anemia es una afección que consiste en la insuficiencia del número de glóbulos rojos sanos en el organismo. A su vez, también puede afectar a la hemoglobina, proteína que ayuda a los eritrocitos a transportar el oxígeno de los pulmones hacia el resto del cuerpo.

La anemia puede aparecer por distintas causas. Cuando es leve, es muy fácil que el paciente no la detecte. En el caso de moderada o grave, existen una serie de síntomas y señales comunes entre cada tipo. El médico podrá identificarlo con rapidez mediante un hemograma completo u otros estudios que considere oportunos, como una prueba de médula ósea o análisis de orina. 

Síntomas y señales que presenta

Desde una perspectiva general, los síntomas comunes de una anemia leve son fatiga, cansancio, sensación de debilidad, dolor de cabeza y piel amarillenta o pálida. A medida que la dolencia avanza, los síntomas y señales son:

  • Mareos y desmayos.
  • Aumento de la sed.
  • Uñas quebradizas.
  • Dificultad respiratoria.
  • Entumecimiento y rampas en las piernas.
  • Arritmias.
  • Insuficiencia cardiaca.

Algunas de las causas de la anemia

El origen de la anemia puede deberse a enfermedades o problemas como menstruaciones muy abundantes, úlceras estomacales, celiaquía, algunos tipos de cáncer o enfermedades autoinmunes. Durante el embarazo también es posible padecerla, ya que los nutrientes de la madre, incluído el hierro, se comparten con el feto.

Otros factores que influyen en la anemia son la edad, ya que cuanto más longeva es una persona más posibilidades tiene de padecer anemia, la predisposición familiar, una alimentación falta de nutrientes o el estilo de vida, como el consumo desmedido de alcohol.

Tipos de anemia

La anemia no tiene por qué ser igual para todas las personas que la padecen, ya que puede afectar a glóbulos rojos, la hemoglobina o incluso a la médula ósea. Estas son las principales:

Anemia ferropénica

Este tipo de anemia es el más común y se caracteriza por la insuficiencia de hierro en el organismo. Este metal forma parte de la hemoglobina y contribuye en el transporte del oxígeno. Si no se proporciona más cantidad de este, el cuerpo irá gastando progresivamente sus reservas hasta agotarlas. De este modo, la anemia se irá desarrollando progresivamente.

Las razones de una ferropenia pueden deberse tanto a fallos en la dieta como a una malabsorción de este en el sistema digestivo, por ejemplo la celiaquía, o la pérdida de sangre.

Las edades más susceptibles a padecer anemia son de 6 meses a un año, adolescentes y ancianos. En cuanto al estilo de vida, las personas vegetarianas pueden sufrirla más si no incluyen vegetales ricos en hierro a su dieta. Los donantes de sangre frecuentes y los deportistas de resistencia, en especial los corredores de fondo, también pueden verse afectados.

Por género, las mujeres son más propensas a la anemia debido a la menstruación y al embarazo.

¿Cómo se trata la anemia ferropénica?

En este caso, el facultativo acostumbra a prescribir tratamiento oral con sales ferrosas o sales férricas. En ocasiones, su ingesta puede provocar molestias abdominales, náuseas, diarrea o estreñimiento. La toma suele indicarse durante las comidas o justo después.

Anemia megaloblástica o macrocítica

En este tipo de anemia, los glóbulos rojos son más grandes de lo normal porque no se dividen de forma correcta, incluso les cuesta salir de la médula ósea. Su origen principal es la falta de vitamina B12 o ácido fólico (B9)

La gastritis crónica atrófica puede ser una de las causas de la falta de vitamina B12. Esta dolencia impide que el estómago pueda absorber dicho nutriente debido a la falta de una sustancia llamada factor intrínseco que es imprescindible para este proceso. Las operaciones de intestino, estómago, otras enfermedades intestinales, incluso una dieta vegana mal planteada, también pueden originar este tipo de anemia.

La deficiencia de ácido fólico puede provenir de problemas de absorción del sistema digestivo, consumir poco o ningún alimento rico en folatos, como las verduras de hoja verde o las legumbres, la toma de algunos medicamentos (como antiepilépticos o para tratar el cáncer) o de enfermedades sanguíneas que lo utilicen mucho por necesidad.

Las personas descendientes del norte de Europa y de África tienen más posibilidades de desarrollar anemia macrocítica. Las personas mayores son un grupo de edad sensible a este problema porque su estómago produce menos ácido. Eso significa menos producción de factor intrínseco y, a su vez, una disminución de la absorción de vitamina B12. Los bebés amamantados por madres vegetarianas estrictas también tienen más posibilidades de desarrollarla, ya que no pueden almacenar suficiente cantidad en su organismo.

¿Cómo se trata la anemia megaloblástica?

El tratamiento que recetan los médicos suele ser en forma de suplementación de vitamina B12 mediante pastillas o inyecciones.

Anemia hemolítica

La anemia hemolítica se da cuando se destruyen más glóbulos rojos de los que se crean para reemplazarlos. En circunstancias normales tienen una vida aproximada entre 90 y 120 días y luego mueren, principalmente en el bazo.

Esta afección puede ser hereditaria o causada por agentes externos. Se clasifica a su vez en dos, dependiendo de dónde sucede la destrucción de los eritrocitos. Si ocurre dentro del bazo, se denomina hemólisis extravascular. En este caso, el motivo principal de su eliminación es que estas células sanguíneas son defectuosas. El error puede hallarse en la hemoglobina o la membrana que los cubre. Otras veces, el problema se halla en que los anticuerpos atacan a nuestros propios eritrocitos. Esto puede ocurrir en enfermedades autoinmunes como el lupus, hepatitis o algunos tipos de cáncer sanguíneo. 

La hemólisis intravascular refiere a la destrucción de los eritrocitos en la misma circulación por causas tan variadas como infecciones, medicamentos, prótesis de metal en el corazón o la falta de la enzima glucosa 6 fosfato deshidrogenasa. Esta última impide la destrucción de los glóbulos rojos a causa de inflamaciones o infecciones de cualquier tipo.

La anemia hemolítica afecta a todo tipo de personas, sin prevalencia de sexo raza o edad. Sí que de todos modos hay  algunas características comunes que comparten algunos de los afectados. Por ejemplo, tener válvulas cardíacas artificiales, utilizar una máquina de bypass, padecer lupus u otras enfermedades o también en mujeres embarazadas y el feto.

¿Cómo se trata la anemia hemolítica?

Cuando la afección es leve, puede prescindir de medicación. Si el facultativo considera cierta gravedad, el tratamiento puede incluir medicamentos, una transfusión de sangre, trasplante de la médula ósea o la extirpación del bazo (esplenectomía).

Si la causa es una enfermedad ya existente o un fármaco, el médico tomará las consideraciones necesarias para solucionar este problema de fondo para que la anemia desaparezca.

Anemia aplásica

Este tipo de anemia es rara pero grave y se caracteriza por la incapacidad de la médula ósea de producir glóbulos rojos nuevos. El daño se sitúa en sus células madre o también debido a un problema autoinmune.

¿Cómo se trata la anemia aplásica?

El médico en este caso podrá recetar medicamentos para ayudar a fabricar eritrocitos nuevos o para que el sistema inmune no destruya las células madre de la médula ósea, trasplantes de sangre y/o médula ósea y transfusión sangüinea. 

Fitoterapia para elevar el aporte de hierro

Una contribución muy valiosa que puede ofrecer la fitoterapia en el tratamiento de la anemia es el aporte de hierro al organismo, ayudarle a absorberlo y, como un plus extra, brindarle la energía y vitalidad que la anemia le quita. De este modo, se afronta la falta de hierro desde tres frentes que, en sinergia, pueden ser muy poderosos.

Plantas ricas en hierro

Un primer paso esencial para mejorar la anemia es aportar hierro al organismo. El mundo vegetal está repleto de plantas que pueden ayudar a cubrir esta necesidad de una manera satisfactoria. 

Alfalfa (Medicago sativa L)Imagen de beauty_of_nature en Pixabay

Es una planta rica en sales minerales, entre ellas el hierro, vitaminas, entre ellas vitamina C y B12, isoflavonas, derivados cumarínicos, saponósidos, fitosteroles, trazas de alcaloides, proteínas, fosfolípidos y taninos. Dada su riqueza en vitaminas y minerales, es muy útil para tratar la anemia ferropénica o macrocítica y durante los periodos de convalecencia. De todos modos, su uso todavía no está evaluado por la Comisión Europea.

Chlorella (Chlorella pyrenoidosa Chick)Imagen de Ben Kerckx en Pixabay.

Esta alga unicelular es rica en clorofila, proteínas, péptidos, aminoácidos, polisacáridos, ácidos grasos, vitaminas del grupo B en su mayoría y minerales, entre ellos el hierro. De esta alga se utiliza lo que se denomina factor de crecimiento de clorella, un extracto hidrosoluble que se consigue tras romper su pared celular. Ayuda a prevenir la anemia y la hipertensión.

Ortiga (Urtica sp.)

Para la anemia se utilizan las hojas. Contienen clorofila, carotenoides, flavonoides, sales minerales, entre ellos el hierro, ácidos orgánicos, provitamina A entre otros activos. Tradicionalmente se utiliza como antianémico, depurativo e hipoglucemiante. También tiene propiedades antiinflamatorias, analgésicas y antimicrobianas.

  • Dosis: la ESCOP recomienda tomar de 3 a 5 g por taza en infusión hasta tres veces al día. 

Plantas ricas en vitamina C

La vitamina C es fundamental para potenciar la absorción de hierro. Además de añadirla en la alimentación en forma de frutas, verduras y hortalizas, también podemos adquirirla mediante las plantas medicinales.

Acerola (Malpighia sp)

Conocemos como acerola al fruto de Malpighia glabra. Es una fuente muy rica en vitamina C. También cuenta con proteínas, grasas, hidratos de carbono, provitamina A, ácido pantoténico entre otros nutrientes. Los altos niveles de esta vitamina la dotan de un gran poder antioxidante, antibacteriano, preventivo del cáncer, cataratas y estrés.

  • Dosis: Pueden utilizarse suplementos de acerola estandarizados en vitamina C de 1 g al día, sobre todo para prevenir gripe y resfriados.

Remolacha (Beta vulgaris L)

La raíz de remolacha es rica en sacarosa, vitamina A, C, minerales, entre ellos el hierro, y fibra. Además de ser un potencial prebiótico por las pectinas que contiene, es una fuente muy rica de nutrientes. 

  • Dosis: Para aprovecharse de sus beneficios, debe añadirse a la dieta.

Moringa (Moringa oleifera Lam)

La droga vegetal principal de la moringa son las hojas, pero también se pueden utilizar las flores, raíces, semillas y frutos. Las hojas contienen gran cantidad de vitaminas, entre ellas la C, y en más cantidad que una naranja, y sales minerales, como el hierro. También cuenta con ácidos grasos insaturados, proteínas, fibra cruda, carotenoides, carbohidratos, 18 aminoácidos, fitosteroles y polifenoles. 

Dada la enorme cantidad de nutrientes que contiene, esta planta está considerada como un remedio para todo en el uso popular. Estudios clínicos en animales han demostrado que la hoja pulverizada tiene efecto antioxidante, hipoglucemiante, hipolipemiante, antiinflamatorio y protector de tejidos. 

Entre muchos otros usos, es ideal para mejorar la deficiencia de hierro, tal y como se ha demostrado en ensayos clínicos.

  • Dosis: Las hojas se consumen crudas en ensaladas, hervidas o desecadas. Si no apetece consumirlas así, se puede recurrir a los complementos alimenticios.

Plantas ricas en vitamina B9 o ácido fólico para la anemia macrocítica

La verdura es una alternativa sencilla y saludable para prevenir o mejorar la anemia megaloblástica. Tan solo es necesario añadir algunos de estos alimentos en la dieta, ya que son ricos en ácido fólico:

  • Espinacas
  • Aguacate
  • Espárragos
  • Tomate
  • Nueces
  • Huevos
  • Garbanzos

La naturaleza deja todo a nuestro alcance para que cuidemos de nuestra salud, tengamos, o no, una enfermedad.

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