’’Las algas marinas y el agua de mar no son medicamentos; son verdaderos alimentos funcionales’’

Josefina Llargués es licenciada en Psicopedagogía, posgraduada en Psicopatología Clínica y máster en Nutrición y Salud. Ha cursado también estudios de Naturopatía, Homeopatía y Nutrición Ayurveda. Imparte charlas desde un enfoque holístico de la salud y es autora de más de una decena de libros sobre cocina, nutrición y cosmética natural, cuatro de los cuales han sido galardonados con los Gourmand Cookbook Awards por su contribución al fomento de los hábitos saludables.

Antes de empezar, quisiera saber un poco sobre tu interés en el mar.

Siempre he sido una enamorada del mar. Toda la vida me ha gustado pasear descalza por la arena, especialmente en otoño e invierno y tengo la inmensa suerte de que los fines de semana puedo disfrutar de una larga playa que está desierta durante esa época del año. 

Las cosas más importantes de mi vida se han gestado mientras caminaba por la orilla del mar. Por otro lado, en casa consumimos agua de mar desde hace nueve años. En cuanto a las algas, ya las consumía mucho antes de la llegada de mis hijos.

¿Con qué ideas enfocaste la escritura de tu libro?

Mi idea inicial era escribir un libro sencillo y práctico que plasmase mi experiencia de todos estos años en el consumo y la prescripción del agua de mar y de las algas marinas, por si podía resultar útil a todas aquellas personas interesadas en estos dos alimentos.

Comencé a buscar estudios científicos para escribir los dos primeros capítulos del libro, más teóricos, con las principales propiedades de las algas marinas y del agua de mar y me quedé gratamente sorprendida de encontrar tanta investigación sobre este tema. Los dos otros capítulos de ‘La farmacia del mar’ están más centrados en la aplicación práctica de estos dos ‘superalimentos, con cerca de cien recetas para su utilización en la cocina y con un amplio botiquín casero para tratar pequeñas dolencias o como apoyo a distintas enfermedades, así como algunas fórmulas para su utilización en cosmética e higiene diaria.

¿Cuando empezaste a consumir algas, sabías a lo que ibas?

Desde pequeña me interesaba la alimentación saludable y los remedios naturales. Descubrí las algas en un pequeño restaurante macrobiótico de Barcelona, pero en ese momento no era un alimento fácil de encontrar. Las primeras que incorporé en mi alimentación fueron el agar-agar y la kombu y, con el tiempo, fuí experimentando con otras nuevas para mí. En la actualidad en mi cocina hay once algas marinas distintas, que son las que explico detalladamente en el libro. Sin embargo, aunque llevo años consumiendo algas marinas, la modesta investigación que realicé para escribir ‘La farmacia del mar’, ha reforzado, aún más, mi interés por este gran alimento.

El gazpacho es un plato en el que podemos utilizar agua de mar.

¿Cuál es tu formación en el mundo de las terapias naturales?

Siempre me ha interesado el mundo natural, por lo que, además de mi formación universitaria, entre otras terapias, también estudié naturopatía, homeopatía, nutrición Ayurveda y dietoterapia China, ésta última con una utilización milenaria de las algas marinas.

¿Existe tradición del consumo de algas aquí en España y Cataluña? A mi personalmente me suena mucho a algo japonés por platos como el sushi…

En Cataluña no he tenido ocasión de constatar su utilización. Sin embargo, aunque su uso más documentado como alimento y como medicina lo encontramos en Asia, especialmente en la medicina tradicional china, en Galicia, donde las algas conforman un auténtico huerto marino, tradicionalmente se han utilizado para cocinar, como alimento para los animales, para fertilizar la tierra…

¿Y en el mundo?

Los pueblos costeros de todo el planeta, donde las verduras terrestres son más escasas, han consumido algas marinas. Durante la Gran Hambruna Irlandesa en siglo XIX, por ejemplo, a raíz de una plaga que arrasó el cultivo de patata en toda Europa y que en Irlanda resultó especialmente devastadora, cobrándose la vida de más de un millón de irlandeses y obligando a miles de personas a emigrar, al parecer, muchos habitantes de la isla sobrevivieron gracias al consumo de algas marinas.

Sin embargo, como ya he comentado, desde tiempo inmemorial el consumo tradicional se ha centrado en Asia, especialmente en China, Corea y Japón.

¿Eso sale reflejado en el libro?

La introducción del capítulo dedicado a las algas marinas la ha escrito la periodista china Tian Lu, que explica como en su infancia creció con sopa de algas y huevo, un plato que preparaba su madre a menudo.

En China siempre se cocina un plato con algas en cada comida. Cuando se tienen invitados, normalmente es de buena educación dejar una pequeña cantidad de comida en alguno de los platos en señal de respeto hacia los anfitriones. Los platos con algas, sin embargo, siempre se terminan. 

Los habitantes de Okinawa por ejemplo, una de las cinco zonas azules con la población más longeva del planeta, siguen una dieta tradicional en la que, además de comer en cantidad moderada, las verduras, el arroz, algo de proteína y las algas forman, parte del menú diario. 

Las algas son nutricionalmente densas, por lo que debemos utilizarlas en pequeña cantidad, y son también un verdadero alimento funcional que, por sus numerosas propiedades, sería interesante incluir en nuestra alimentación, ya que, en general, gran parte de la población consume muchos productos con apariencia de alimento pero que, a nivel nutricional, aportan muy poco.

¿Qué diferencia hay entre las verduras terrestres y las algas?

A nivel general, las verduras terrestres tienen muchas cosas en común con las algas que, al fin y al cabo, son verduras de mar. Son alcalinizantes, nos aportan una pequeña cantidad de proteínas, así como minerales, oligoelementos, vitaminas, fibra, grasas saludables…, pero las algas, además, nos regalan ciertos compuestos únicos de los que carecen las verduras terrestres. En mi opinión, más vale sumar cosas buenas que restar, por lo que el hecho de que las algas sean un alimento muy interesante que deberíamos incorporar a nuestra alimentación, no significa que, si las consumimos, debamos dejar de comer verduras y hortalizas terrestres, ya que tenemos el privilegio de vivir en un país mediterráneo y podemos disfrutar de una gran variedad de vegetales.

¿Y qué propiedades son exclusivas de las algas?

En el grupo de las algas pardas, por ejemplo, encontramos el ácido algínico, un componente ausente en las verduras terrestres, con capacidad para neutralizar y eliminar toxinas, dioxinas y metales pesados del organismo, aconsejándose especialmente su utilización en caso de retirada de amalgamas de mercurio, accidentes en centrales nucleares, contaminación de ríos o aguas de riego, ciertas pruebas diagnósticas o terapéuticas con sustancias radiactivas, etc. De todos modos, todos los habitantes de grandes ciudades con elevados niveles de contaminación, podemos beneficiarnos de las magníficas propiedades del ácido algínico, incluyendo una pequeña cantidad de algas pardas en nuestra alimentación.  

No es necesario buscar las algas pardas fuera de España, tanto la Kombu como la Wakame, que pertenecen a este grupo, pueden adquirirse procedentes de las costas gallegas.

Alga Kombu seca.

¿Y en general? ¿Qué propiedades tienen? 

A nivel genérico, a diferencia de las cultivadas que se desarrollan en un ambiente más controlado, la mayoría de algas marinas silvestres crecen en hábitats complejos, a menudo sometidas a condiciones extremas, viéndose forzadas a adaptarse continuamente a las nuevas condiciones ambientales, lo que les permite desarrollar potentes mecanismos antioxidantes. 

Por otro lado, además de sus propiedades nutricionales, las algas marinas contienen una gran diversidad de pigmentos y polifenoles, así como ciertos polisacáridos sulfatados específicos con propiedades anticancerígenas, antiinflamatorias, anticoagulantes, antihelmíticas, antivirales, antimicrobianas, antiobesidad, antidiabéticas, neuroprotectoras, hepatoprotectoras, inmunomoduladoras, reguladoras de los niveles de colesterol, preventivas de trastornos cardiovasculares, etc.

¿Cómo hemos de consumirlas?

No se trata de consumir algas como quien come un plato de judía verde. Lo adecuado es introducirlas en pequeña cantidad en nuestra alimentación para complementar nuestra dieta con muchos de los nutrientes de los que carece. En líneas generales, la sugerencia es no exceder los cinco 5 g de algas deshidratadas por persona al día o tres veces por semana. 

Dada su riqueza en yodo, lo correcto es utilizarlas como si fueran un condimento para enriquecer cualquier plato. El alga kombu, por ejemplo, es muy rica en yodo, pero cuando se cocina pierde casi el 90%. Se acostumbra a utilizar para cocciones largas, como por ejemplo la de las legumbres, ya que ablanda sus fibras y ayuda a digerirlas mejor.

¿Cuáles son las algas más populares?

La más popular y que todo el mundo conoce es el alga nori, por ser la que se utiliza para preparar los makis propios de la gastronomía de Japón. Es muy remineralizante y un buen aderezo para ensalada. Para ello se tuesta un poco en una sartén sin aceite, se rompe en trocitos y se pulveriza con un robot de cocina, ya sea sola o con semillas de sésamo, hierbas aromáticas, especias… En el libro hablo de ella más allá de su uso como envoltorio de los makis. 

El alga kombu y la wakame, también son populares, aunque hoy en día todas son fáciles de encontrar.

Alga wakame.

Hay un capítulo del libro que se llama “La salud que viene del mar”. ¿Qué te inspiró para hacerlo así?

Existen muchos y diversos factores que inciden en nuestra salud, pero no podemos olvidar que la vida en nuestro planeta apareció, hace aproximadamente tres mil seiscientos millones de años, gracias a las cianobacterias o algas verdiazules, que inventaron la fotosíntesis y transformaron el anhídrico carbónico del aire en oxígeno, siendo también las algas las que posteriormente colonizaron la tierra y generaron los vegetales terrestres.

Hoy en día sabemos que solo un 30% del aire que respiramos proviene de los bosques y de las selvas y que el 70% restante tiene su origen en el mar, por lo que, si el mar no respira, nosotros tampoco. Así pues, es obvio que la salud viene también del mar que, además del oxígeno, nos provee de alimento, a nosotros y a todos los seres que en él habitan. Es algo en lo que vale la pena reflexionar, para tomar consciencia de como el estilo de vida de los habitantes de las sociedades modernas promueve la contaminación de mares y océanos.

¿Qué se está estudiando sobre los océanos en este momento?

Los océanos son todavía una inmensidad por descubrir. No soy científica, pero me consta que, en la actualidad, además de las numerosas y diversas líneas de investigación sobre los tesoros que esconden, ciertos compuestos de las algas marinas, son profusamente estudiados y utilizados por sus propiedades emulsionandes, estabilizantes, espesantes o aglutinantes tanto por parte de la industria farmacéutica, como textil, alimentaria, cosmética, etc., también se está investigando, entre otras, su utilización en el tratamiento de residuos industriales y aguas residuales, así como la posible utilización de ciertos compuestos únicos de las algas marinas en la formulación de nuevos fármacos para el tratamiento de una gran diversidad de patologías.

¿Qué podemos hacer para frenar la contaminación del mar?

A nivel individual cada persona puede aportar su granito de arena para mejorar la contaminación de mares y océanos, especialmente con relación al tema de los plásticos y microplásticos, evitando el uso de productos envasados, recuperando la compra a granel, limpiando nuestra casa con productos naturales o elaborando nuestros propios cosméticos y productos de higiene diaria; una forma mucho más económica, saludable y sostenible de cuidarnos y de cuidar el planeta.

De lo que sí hay y se habla mucho es del mercurio y los microplásticos…

No podemos ignorar que vivimos en un mundo altamente contaminado y que, por mucho que algunos lo intenten maquillar, la contaminación forma parte de nuestras vidas. Los microplásticos están también presentes en la atmósfera y los inhalamos al respirar y las partículas de metales pesados se acumulan en los alimentos, el agua y el aire que respiramos. Pero el mar tiene a su favor una elevada salinidad (36 g de sal por litro), ser un medio alcalino, el movimiento constante del agua que dispersa los contaminantes y una elevadísima densidad microbiana que lucha por mantener la vida oceánica. Prueba de ello, según se desprende de la literatura científica, es la presencia en el mar de microorganismos con capacidad para ‘comer petróleo’ y degradar e integrar los hidrocarburos en su metabolismo de forma natural. 

Así pues, ¿por qué deberíamos tener miedo de incluir algas marinas o agua de mar en nuestra alimentación?. Teniendo en cuenta que los peces más pequeños filtran a lo largo del día mil veces más de agua de mar de la que podamos beber nosotros en un día, resulta absurdo pensar que tomando un máximo de 250 ml de agua de mar al día, menos en muchos casos, injiramos cantidades perjudiciales de metales pesados. Probablemente necesitaríamos varias vidas para acumular los metales pesados que contiene un atún, uno de los pescados más consumidos en todo el mundo.

No había oído nunca eso de tomarse un chupito de agua de mar. A primeras oídas, me parece raro.

Se te hace raro, pero los grandes chefs ya incorporan el agua de mar y las algas marinas en muchas de sus recetas. Hoy en día puedes comprar viales de agua de mar microfiltrada en la farmacia o la puedes encontrar en dietéticas, herboristerías e incluso en supermercados y grandes superficies, envasada en botellas de cristal o garrafas. De esta forma, cada persona puede elegir el tipo de presentación que le genere mayor confianza. 

Aún así, me parece curioso que haya personas a quiénes les produzca temor tomar agua de mar, pero que no tienen ningún reparo en fumar, tomar refrescos a todas horas en lugar de agua o llenar su cesta de la compra con productos que parecen alimentos pero que distan mucho de serlo, como ultraprocesados, bollería industrial, salsas de todo tipo repletas de edulcorantes o conservantes, productos refinados y azucarados, etc.

¿Qué propiedades tiene el agua de mar?

A diferencia de la sal común de mesa, altamente refinada y muy perjudicial para nuestra salud, el agua de mar contiene todos los elementos de la tabla periódica en perfecta sinergía, aportando al organismo todos los minerales y oligoelementos de los que carece la alimentación actual. Así pues, como parte de un estilo de vida saludable, los principales beneficios del agua de mar pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Remineraliza el organismo
  • Previene la osteoporosis y tiene un efecto regenerativo de los huesos
  • Mejora la función del hígado
  • Nutre y calma el apetito
  • Descongestiona las vías respiratorias e hidrata las mucosas
  • Incrementa el rendimiento en la práctica deportiva
  • Favorece la diuresis
  • Regula el pH del organismo
  • Limpia y desinfecta las heridas y acelera la cicatrización
  • Regula el funcionamiento intestinal
  • Etc., etc.

¿Cómo puede ayudarnos el agua de mar a tomar menos fármacos? 

No estoy en contra de los medicamentos cuando son estrictamente necesarios. En la actualidad, sin embargo, la industria farmacéutica se encarga de convencernos de que no podemos parar por un resfriado o una gripe; que tomando laxantes solucionaremos el estreñimiento, que basta con un antiálgico para el dolor de cabeza, con un antiinflamatorio cuando nuestras articulaciones se quejan, con corticoides cuando la piel se expresa… Y, para ser coherentes con el ritmo frenético de nuestras vidas, hemos ido cultivando la impaciencia, especialmente a la hora de tratar de forma natural los pequeños trastornos cotidianos que, además de un cambio de hábitos, posiblemente solo necesitarían acompañamiento, paciencia, la utilización de remedios naturales, entre los que el agua de mar es un excelente ejemplo y dar un cierto tiempo al organismo para autosanarse y recuperar el equilibro. 

El agua de mar no es un medicamento, es un verdadero alimento funcional con acción remineralizante y alcalinizante, que ayuda al organismo a recuperar su equilibrio, tonificando el sistema inmunológico y favoreciendo un buen estado de salud.

Hace unos años no había tantos medicamentos como ahora…

A lo largo de la historia de la humanidad, hemos buscado siempre soluciones naturales para tratar gran parte de las dolencias cotidianas mediante la alimentación, el ayuno, las plantas medicinales, las algas, el agua de mar, los emplastos, la hidroterapia, la reflexología podal, los masajes, los aceites esenciales, los baños de sol, los ungüentos, el movimiento, el descanso, los enemas, la meditación…

Recuerdo que cuando pasaba los veranos en el pueblo con mis abuelos, mi abuela siempre tenía a mano soluciones naturales para cualquier pequeña dolencia. Si me dolía la garganta me aplicaba un emplasto a base de plantas; si me dolía la tripa me preparaba comida suave, si me picaba una avispa utilizaba arcilla… En la actualidad, desafortunadamente, esta sabiduría popular, respetuosa con nuestra salud y con la del planeta, se ha perdido y nos hemos convertido en esclavos de las pastillas. Como dijo el escritor y filósofo británico Aldous Huxley (1894-1963), «la medicina ha avanzado tanto, que ya no hay nadie que esté sano».

Ahora tenemos mucha información por todas partes para cuidarnos, sobre todo en internet.

No todo lo que encontramos en internet es información veraz y contrastada, por lo que antes de seguir un consejo de salud, deberíamos realizar una pequeña labor de investigación para saber si nos conviene. 

Somos responsables de nuestra salud y, en mi opinión, en pleno siglo XXI, con toda la información que tenemos a nuestro alcance, ignorar lo que nos conviene es una opción personal. Creo firmemente que la primera opción de curación deberíamos buscarla en la naturaleza y, si no funciona, no tenemos por qué renunciar a los medicamentos si, como he comentado anteriormente, son necesarios.

¿Cómo puede una persona iniciarse a tomar agua de mar? 

Mi recomendación es empezar por las mañanas en ayunas tomando un vaso de agua de mar isotónica (3 partes de agua dulce tibia x 1 parte de agua de mar). El agua de mar es alcalinizante y ligeramente laxante. Gradualmente podemos ir aumentado la cantidad hasta un máximo de 250 ml diarios, aunque no es necesario llegar al cuarto de litro diario; hay personas que solo toman un trago por las mañanas. En mi caso, además de tomarla mezclada con el agua de bebida también la utilizo para cocinar, para la higiene diaria, en la elaboración de cosmética casera…

Para finalizar ¿a qué público va dirigido el libro?

“La farmacia del mar” va dirigida a cualquier persona que se ocupe de su salud en el sentido más amplio del término. Las algas marinas y el agua de mar no son medicamentos, sino alimentos con una espléndida riqueza nutricional y mineral que los convierte en verdaderos alimentos funcionales (functional foods), ya que, además de los nutrientes básicos, concentran, en perfecta y delicada sinergia, sustancias biológicamente activas con contrastados beneficios adicionales para la salud, motivo por el cual desde hace años son objeto de un intenso estudio por parte de la comunidad científica.

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